Días de luz y oscuridad

Nuestro primero impulso como seres humanos es huir del dolor, salir corriendo apenas la tristeza se asoma un poco en nuestra vida, porque nos han enseñado que tenemos que perseguir la felicidad cueste lo que cueste y cualquier cosa que no se ajuste a esa idea que tenemos de ser felices, tiene que ser desechada o ignorada.

Pero la oscuridad, la tristeza, los momentos dolorosos, la desolación, todo aquello que nos parece difícil, también hacen parte de nuestra experiencia humana y no podemos simplemente ignorarlo, de hecho en muchas ocasiones, entre más nos afanamos por salir de la tristeza, más nos hundimos en ella porque lo vemos como un problema que tiene que ser resuelto ya, y que si fallamos en resolverlo entonces también estamos fallando como personas, lo cual nos lleva a tener más insatisfacción y de ahí de nuevo vamos a la tristeza y todos esos sentimientos que teníamos.

Cada persona es un mundo, cada experiencia es diferente y cada uno experimenta la tristeza y el dolor de forma distinta, de hecho no hay soluciones mágicas para afrontarlos, pero creo que cuando aceptamos que estamos en ese momento difícil, cuando confrontamos con amor esa parte de nosotros, cuando decimos “estoy triste” “me siento mal” “me duele”, cuando reconocemos esas emociones y esas sensaciones, nos liberamos un poco porque no estamos intentando hacer algo diferente, simplemente estamos reconociendo que somos humanos y que dentro de nosotros habita todo un espectro complejo de sentimientos que nos hace ser quienes somos, y que eso también está bien.

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Hace unas semanas tuve algunos momentos difíciles, hubo dos días en especial en los cuales no tenía ánimos y además mi cuerpo estaba sintiendo dolor físico en un pie lo cual no me dejaba hacer muchas cosas, así que decidí simplemente no hacer nada, sólo dejar que esa tristeza y esas preocupaciones entraran en mi, se albergaran en lo más profundo de mi ser para escuchar qué tenían que decir.

Obviamente esos momentos no son agradables, creo que el dolor físico te secuestra la vida y se vuelve un ruido sordo en el fondo de tu cabeza que te quita la paz, pero reconocerlo, saber que está ahí, en el momento presente y que te está haciendo ver una parte que tal vez no quieres ver pero es necesario que la veas, es muy liberador.

No se trata de sufrir y apegarnos a ese sufrimiento, se trata de reconocer lo que es, de no echar debajo del tapete todo lo que no nos gusta y hacer de cuenta que no está ahí, tampoco se trata de enfrentar las cosas de manera obligada y volvernos mártires estoicos que aguantan el dolor, no, se trata de reconocer cada momento, de fluir con él, de aceptar lo que hay y vivir, vivir en la luz y oscuridad que la vida misma nos ofrece, integrarlas en nuestra existencia y crecer a partir de ahí.

Después de esos dos días de aceptar y vivir el proceso puse música y lo primero que sonó fue esta canción de Deva Premal llamada Idé Weré Weré la cual me recordó que en medio de todo el caos siempre se pueden encontrar momentos de paz.

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¿Has sentido esa sensación de tristeza en tu vida? ¿Cómo lo has vivido? ¡Házmelo saber en los comentarios!

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