Reconcíliate con tus miedos

Todos hemos pasado alguna vez por alguna situación difícil que deja huella a lo largo del tiempo, que nos deja con una especie de marca y que al parecer que vamos a repetirla quedemos de cierta forma paralizados y creemos que va a volver a suceder de nuevo. Esta es una forma de miedo, y es común que socialmente nos digan que “debemos superarlo”.

La verdad es que ninguna de nuestras emociones está de adorno, todas cumplen una función y si bien a veces quisiéramos no experimentar alguna de ellas, definitivamente están ahí para ayudarnos, para que crezcamos, para mostrarnos diferentes aspectos de nuestro ser.

Personalmente he aprendido a ver el miedo como un indicador de que hay algo a lo que le debo prestar atención o evitar, incluso he visto que el miedo también hace parte saludable de nuestra supervivencia, claro, hay miedos que nos opacan y nos paralizan pero incluso hasta el miedo más grande está ahí para enseñarnos algo. Recuerdo que alguien me decía que yo todavía tenía muchos “mieditos guardados” y que lo hacía ver como algo negativo, como si por ello fuera menos capaz o algo así, pero luego con el tiempo entendí que esos miedos me estaban evitando entrar en situaciones que iban a ser muy negativas, me estaban casi que gritando que no podía ser irresponsable y lanzarme a cosas que no me correspondían en ese momento, y creo que fue gracias a ese proceso que entendí de verdad que hay que entrar en contacto con los miedos y escucharlos para transitar un mejor camino.

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Por otro lado hay otro tipo de miedo que nos hace avanzar, o que es un buen indicador. Como algunos saben yo también bailo y recuerdo que uno de mis maestros más queridos de danza me dijo que el día que él no sintiera miedo al salir al escenario sabría que ya no debía seguir bailando, que ya no era lo suyo. Y es que ese tipo de miedo que da antes de hacer algo emocionante, algo grande, es uno de los motores más grande que tenemos, nos permite estar atentos y a la vez entregar lo mejor de nosotros mismos.

También están los miedos más profundo y paralizantes, esos que nos acompañan casi que toda la vida y que incluso a veces no identificamos fácilmente, ese miedo es el más grande maestro que podamos tener porque nos define, nos alerta, nos lleva a buscar en lo profundo la razón de nuestras acciones, y es con el que más debemos reconciliarnos.

Te invito a que dejes de ver tus miedos como lo peor que te pudo haber pasado, te invito a que les abras la puerta, los escuches, los abraces y entables un diálogo sincero con ellos, te invito a que no dejes que los demás definan cómo debes vivirlos, a que hagas tu proceso y a que pidas ayuda para afrontarlos si crees que eso es necesario. Reconciliarse con los miedos es reconciliarse con uno mismo, es abrir la puerta de la compasión para con nosotros y saber que están ahí nos llena de fuerza para afrontar lo que sea necesario.


¿Cómo más crees que te ayudan tus miedos? ¿Has vivido algo similar? ¡Cuéntame en los comentarios!

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